La Celestina
La Celestina Está Melibea muy afligida hablando con Lu-
crecia sobre la tardança de Calisto, el qual le
auía hecho voto de venir en aquella noche a
visitalla, lo qual cumplió, e con él vinieron So-
sia e Tristán. E después que cumplió su volun-
tad boluieron todos a la posada ¿Calisto se re-
trae en su palacio e quéxase por auer estado tan
poca quantidad de tiempo con Melibea e ruega
a Febo que cierre sus rayos, para hauer de res-
taurar su desseo.
MELIBEA, LUCRECIA, SOSIA, TRISTÁN,
CALISTO.
MELIBEA.- Mucho se tarda aquel cauallero
que esperamos. ¿Qué crees tú o sospechas de su
estada, Lucrecia? [124]
LUCRECIA.- Señora, que tiene justo impedi-
miento e que no es en su mano venir más pre-
sto.
MELIBEA.- Los ángeles sean en su guarda, su
persona esté sin peligro, que su tardanza no me
es pena. Mas, cuytada, pienso muchas cosas,
que desde su casa acá le podrían acaecer.
¿Quién sabe, si él, con voluntad de venir al prometido plazo en la forma que los tales mancebos a las
tales horas suelen andar, fue topado de los alguaziles
