La Celestina
La Celestina Sempronio vase a casa de Celestina, a la qual
reprende por la tardança. Pónense a buscar qué
manera tomen en el negocio de Calisto con Me-
libea. En fin sobreuiene Elicia. Vase Celestina a
casa de Pleberio. Queda Sempronio y Elicia en
casa.
SEMPRONIO, CELESTINA, ELICIA.
SEMPRONIO.- ¡Qué espacio lleua la barvuda!
¡Menos sosiego trayan sus pies a la venida! A
dineros pagados, braços quebrados. ¡Ce!, seño-
ra Celestina: poco as aguijado.
CELESTINA.- ¿A qué vienes, hijo?
SEMPRONIO.- Este nuestro enfermo, no sabe
que [128] pedir. De sus manos no se contenta.
No se le cueze el pan. Teme tu negligencia.
Maldize su auaricia e cortedad, porque te dio
tan poco dinero.
CELESTINA.- No es cosa mas propia del que
ama que la impaciencia. Toda tardança les es
tormento. Niguna dilación les agrada. En vn
momento querrían poner en efeto sus cogita-
ciones. Antes las querrían ver concluydas, que
empeçadas. Mayormente estos nouicios aman-
tes, que contra cualquiera señuelo buelan sin
deliberación, sin pensar el daño, que el ceuo de
su desseo trae mezclado en su exercicio e nego-
