Ciudadela
Ciudadela Injusto era el que decĂa de su minĂşscula casa:
—La construà para que contenga a todos mis verdaderos amigos…
Pues ÂżquĂ© pensaba de los hombres ese gotoso? Yo, si quisiera construir una casa para mis verdaderos amigos, no sabrĂa construirla lo bastante grande; porque no conozco un hombre en el mundo del que una parte no sea mi amiga, por pequeña que sea, o fugitiva; y quĂ© bien podrĂa separar esa parte de aquĂ©l mismo que mandĂ© decapitar si pudiĂ©ramos desempatar a los hombres. Y aun del que en apariencia me odia y me harĂa cortar la cabeza si pudiera. Y no creas que se trata de enternecimiento fácil, ni de indulgencia, ni de aspiraciĂłn vulgar, de simpatĂa vulgar; pues permanezco rĂgido, inflexible y silencioso. Pero ¡cuán numerosos son mis amigos esparcidos, y cĂłmo llenarĂan mi morada si les enseñara a andar!