Ciudadela
Ciudadela âYo fundo el orden, âdecĂa mi padre. Pero no segĂșn la simplicidad y la economĂa. Porque no se trata de ganarle al tiempo. QuĂ© me importa saber si los hombres serĂĄn mĂĄs gordos si construyen graneros en vez de templos y acueductos en vez de instrumentos de mĂșsica; porque al despreciar una humanidad mezquina y vanidosa aunque sea opulenta, me importa conocer primero de quĂ© hombre se tratarĂĄ. Y aquĂ©l que me interese serĂĄ el que se haya bañado largamente en el tiempo perdido del templo, y contemplado ociosamente la vĂa lĂĄctea que ensancha, y haya ejercitado su corazĂłn en el amor por el ejercicio de la plegaria que no tuvo respuesta (porque si la respuesta pagara la plegaria el hombre serĂa aun mĂĄs mezquino) y en quien haya resonado a menudo el poema.
âPorque el tiempo que economizo en la construcciĂłn del templo, que es navĂo que se dirige a algĂșn lado, o en el embellecimiento del poema que hace resonar el corazĂłn de los hombres, serĂĄ preciso que lo emplee en ennoblecer antes que en engordar la especie humana. Y, por consiguiente, inventarĂ© los poemas y los templos.