Ciudadela
Ciudadela —Es preciso crear. Si posees el poder no te preocupes de organizar. Nacerán cien mil servidores que servirán a tu creación, a la que se apegarán como gusanos en la carne. Si fundas tu religión, no te preocupes del dogma. Nacerán cien mil comentadores que se encargarán de fundarlo. Crear, es crear al ser, y toda creación es inexpresable. Si bajo una tarde a ese barrio de la ciudad que es cloaca hacia el mar, no me corresponde inventar la cloaca, los campos de desagüe y los servicios de policÃa municipal. Aporto el amor del suelo lustrado, y nacen alrededor de este amor los limpiadores de corredores, las ordenanzas de policÃa y los recolectores de basura. No inventes un universo, donde, por la magia de tus ordenanzas, el trabajo en lugar de embrutecer a los hombres, los engrandece, donde la cultura nace del trabajo y no del tiempo libre. No vayas contra el peso de las cosas. Es el peso de las cosas el que hay que cambiar. Asà pues, este acto es poema, o modelado del escultor, o cántico. Y si cantas lo suficientemente fuerte el cántico del trabajo noble que es sentido de la existencia, contra el cántico del ocio que relega el trabajo a la categorÃa del impuesto y parte la vida en trabajo de esclavo y ocio vacÃo, no te preocupes de las razones y de la lógica y de las ordenanzas particulares. Vendrán los comentadores a explicar por qué tu rostro es bello y cómo está construido. Tenderán en una dirección y sabrán argumentar para demostrarte que es la única. Y esa tendencia hará que tus ordenanzas se cumplan y que tu verdad sea.