Ciudadela
Ciudadela Vinieron para hacer observaciones, no los geómetras de mi imperio, que se reducían por otra parte a uno solo, y que, por crecer demasiado, había muerto, sino una delegación de comentadores de los geómetras, los cuales comentadores eran diez mil.
El que crea un navío no se preocupa de los clavos, de los mástiles ni de las tablas del puente, sino que encierra en el arsenal diez mil esclavos y algunos ayudantes provistos de látigos. Y se expande la gloria del navío. Y no he visto nunca un esclavo que se vanagloriara de haber vencido al mar.
Pero cuando crea una geometría, sin preocuparse de deducirla hasta el fin de consecuencia en consecuencia, pues ese trabajo sobrepasa su tiempo y sus fuerzas, suscita el ejército de diez mil comentadores que pulen los teoremas, exploran los caminos fértiles y recogen los frutos del árbol. Mas como no son esclavos y no hay látigo para acelerarlos, no hay uno solo que no imagine igualarse al único geómetra verdadero; puesto que, primero, lo comprende, y puesto que, de inmediato, enriquece su obra.