Ciudadela
Ciudadela «Tú reconocerás un deber -decÃa mi padre-, en que, ante todo, no eres tú quien lo escoge».
Por esto se equivocan los que buscan gustar. Y para agradar se hacen maleables y dúctiles. Y responde por anticipado a los deseos. Y traicionan todo a fin de ser como se los desea. Pero ¿qué tengo que hacer con esas medusas que no tienen ni huesos ni forma? Las vomito y las devuelvo a su nebulosa: venid a verme cuando estéis construidas.
Del mismo modo, las mujeres se cansan del que las ama cuando, para mostrarles su amor, acepta hacerse eco y espejo; porque nadie tiene necesidad de su propia imagen. Sino que tengo necesidad de ti, que has sido construido como una fortaleza con tu núcleo que yo encuentro. Siéntate allà puesto que existes.
Aquél que es de un imperio, la mujer lo despoja y se hace su sirviente.