Ciudadela
Ciudadela Porque me pareció muy importante que no te bastara mirar para ver. Pues desde lo alto de mi terraza, yo les mostraba mi dominio y les exponÃa sus contornos y ellos inclinaban la cabeza diciendo: «SÃ, sÃ…». O bien les hacÃa abrir el monasterio y les explicaba sus reglas, y ellos bostezaban con discreción. O bien les mostraba la arquitectura del templo nuevo o la escultura, o la pintura de un escultor y de un pintor que habÃa aportado algo no habitual hasta entonces. Y ellos apenas si miraban. Todo lo que a otro hubiera conmovido el corazón, los dejaba indiferentes.
Y yo me decÃa: