Ciudadela

Ciudadela

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Sabiendo ya, y ante todo, que no alcanzaré de este modo una verdad absoluta y demostrable y susceptible de convencer a mis adversarios, sino una imagen que contenga al hombre en potencia y que favorezca aquello que me parece noble en él, al someter a ese principio todos los otros.

Es evidente entonces, concibiendo al hombre como aquél que consume y produce, que no me interesa la calidad de sus amores, el valor de sus conocimientos, el calor de sus alegrías, el crecimiento de la comba de su vientre, aun cuando pretendo darle lo más posible sin que haya en esto contradicción ni subterfugio; igual que aquéllos que se ocupan de la línea de su vientre pretenden no menospreciar el espíritu.

Porque si mi imagen es fuerte, se desarrollará como una semilla; luego es capital su elección. ¿Y dónde has conocido pendiente hacia el mar que no se transformara en navío?

Lo mismo que a mi parecer los conocimientos no deben predominar, porque otra cosa es instruir o educar; y no he comprobado que la calidad del hombre reposara sobre la suma de ideas, sino sobre la calidad del instrumento que permite adquirirlos.

Porque tus materiales serán siempre los mismos y ninguno debe descuidarse, y de los mismos materiales puedes extraer todos los rostros.


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