Ciudadela
Ciudadela ”Tener conciencia -afirmaba aún-, no es recibir el bazar de ideas que irán a dormir. Poco me importan tus conocimientos que de nada te sirven sino como objetos y como medios en tu oficio que es el de construirme un puente, o extraerme el oro o informarme, si lo necesito, de las distancias entre las capitales. Pero ese formulario no es el hombre. Tener conciencia, tampoco es aumentar su vocabulario. Porque su crecimiento no tiene otro objeto que permitirte ir más lejos comparándome ahora tus envidias, sino que es la calidad de tu estilo que garantizará la calidad de tus diligencias. Si no, nada tengo que me relacione con esos resúmenes de tus pensamientos. Prefiero escuchar «sol de octubre», que me es más sensible que tu nueva palabra y me habla a los ojos y al corazón. Tus piedras son piedras; después, reunidas, columnas; después, una vez reunidas las columnas, catedrales. Pero no te he ofrecido esos conjuntos cada vez más vastos que a causa del genio de mi arquitecto, el cual los prefería para las operaciones cada vez más vastas de su estilo, es decir, de la expansión de sus líneas de fuerza en las piedras. Y en la frase también efectúas una operación. Y es lo que importa.