Ciudadela
Ciudadela âObrarĂ© sobre ellos aunque finjan ignorarme. Porque la gran verdad es que no existes solo. No puedes quedarte permanente en un mundo que, alrededor, cambia. Puedo sin tocarte actuar sobre ti, pues, quieras o no, es tu sentido mismo el que cambia y no puedes soportarlo. Eras el poseedor de un secreto: ya no es secreto, tu sentido ha cambiado. Si aquĂ©l que danza y declama en la soledad lo rodeo en secreto de auditores burlones y levanto despuĂ©s el telĂłn, lo interrumpo netamente en su danza.
âSi danza aĂșn, es que estĂĄ loco.
âTu sentido estĂĄ hecho del sentido de los otros, lo quieras o no. Tu gusto estĂĄ hecho del gusto de los otros, lo quieras o no. Tu acto es movimiento de un juego. Paso de una danza. Cambio el juego o la danza y cambio tu acto en otro.
âConstruyes tus murallas por causa de un juego, las destruirĂĄs tĂș mismo a causa de otro.
âPorque vives no de las cosas, sino del sentido de las cosas.
âCastigarĂ© a los de la ciudad en su pretensiĂłn; pues confĂan en sus murallas.