Ciudadela
Ciudadela Se me planteó el litigio de que yo no podía conducir mi pueblo a la luz de las verdades, sino a través de actos, no mediante palabras. Porque la vida importa construirla como un templo a fin de que muestre un rostro. ¿Y qué harías con días todos iguales como piedras bien alineadas? Pero dices, cuando te miras ya viejo: «He deseado la fiesta de mis padres, he enseñado a mis hijos, después les he dado esposas, después a algunos, que Dios volvió a llevarse una vez edificados -pues obra de tal manera por su gloria-, los enterré piadosamente».
Porque sucede contigo lo que con el grano maravilloso que la tierra eleva al rango de cántico y ofrece al sol. Luego ese trigo tú lo elevas al rango de luz en la mirada de la amada que te sonríe, después ella te forma las palabras de la plegaria recitada en la noche. Y soy aquél que marcha lentamente, esparciendo el trigo bajo las estrellas, y no puedo medir mi papel si permanezco demasiado miope. De la semilla saldrá la espiga, la espiga se transformará en carne del hombre, y del hombre saldrá el templo para la gloria de Dios. Y podré decir de ese trigo que tiene el poder de juntar las piedras.
Para que la tierra se haga basílica basta una semilla alada a merced de los vientos.