Ciudadela
Ciudadela Algunos carecen de sentido del tiempo. Quieren coger flores que no se han formado: y no hay flores. O bien hallan alguna abierta en otra parte, la cual no significa para ellos término del ceremonial del rosal, sino ni más ni menos que objeto de bazar. ¿Y qué placer les procurará?
Yo me encamino hacia el jardÃn. Deja en el viento el rastro de un navÃo cargado con limones dulces, o de una caravana de mandarinas, o aun, de la isla por ganar que embalsama el mar.
He recibido no una provisión, sino una promesa. La hay del jardÃn, como de la colonia por conquistar, o de la esposa no poseÃda aún, pero que cede en los brazos. El jardÃn se me ofrece. Hay, detrás del pequeño muro, una patria de mandarinos y de limoneros donde mi paseo será bienvenido. Sin embargo, ninguno habita permanentemente el olor de los limoneros, ni el de los mandarinos, ni la sonrisa. Para mÃ, que sé, todo conserva una significación. Aguarda la hora del jardÃn o de la esposa.