Ciudadela
Ciudadela Nada tengo que esperar si te ciega esta luz que no es de las cosas, sino sentido de las cosas.
—¿Qué haces?
Y no sabes, y te quejas de la vida.
—La vida no me aporta nada. Duerme mi mujer, mi asno reposa, madura mi trigo. Soy una espera estúpida y me aburro.
Niño sin juego que ya no sabe leer a través de las cosas. Me siento cerca de ti y te enseño. Te bañas en el tiempo perdido. Y te asalta la angustia de no llegar a ser.
Pues otros dicen: «Preciso es un fin». Es bella la natación pues te crea una ribera lentamente desenterrada del mar. Y la polea chirriante te ha creado el agua para beber. AsÃ, del trigo dorado que es ribera de la obscura labor. AsÃ, de la sonrisa del niño que es ribera del amor doméstico. AsÃ, de la vestidura de filigrana de oro lentamente cosida para la fiesta. Y que se transforma en ti si vuelves la manivela por el solo ruido de la polea, si coses la vestimenta por la vestimenta, si haces el amor por el amor. Rápido se agotan, pues nada tienen que darte.