Ciudadela
Ciudadela ”Si hicieses llegar al hombre, gratuitamente, el paso del arcángel, el hombre estaría cumplido. Ya no aserraría, ya no combatiría, ya no curaría. No barrería ya su pieza ni querría a la amada, Señor, ¿se extraviaría al honrarte con su caridad entre los hombres, si te contemplase? Cuando está construido el templo, veo el templo y no las piedras.
”Señor, heme aquí, viejo y con la debilidad de los árboles cuando el invierno sopla. Cansado de mis enemigos como de mis amigos. Insatisfecho en mi pensamiento por estar sujeto a matar y a curar a la vez; porque de ti me viene la necesidad, que hace tan cruel mi suerte, de dominar todos los opuestos. Y sin embargo, constreñido a subir, formulando menos preguntas, suprimiendo preguntas, hacía tu silencio.
”Señor, con aquél que reposa al norte de mi imperio y fue mi enemigo amado, con el único verdadero geómetra, mi amigo, y conmigo mismo que, ¡ay!, he pasado la cresta y dejo atrás a mi generación como en la pendiente ahora acabada de una montaña, dígnate hacer la unidad para tu gloria, adormeciéndome en el hueco de esas arenas desiertas donde mucho trabajé».