Ciudadela

Ciudadela

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Porque aquéllos se pasman y querrían hacerte creer que arden día y noche. Pero mienten.

Miente el centinela de las murallas que dĂ­a y noche te canta su amor por la ciudad. Prefiere su sopa a ella.

Miente el poeta que dĂ­a y noche te habla de la embriaguez del poema. Si sufre un dolor de vientre se olvida de todos los poemas.

Miente el enamorado que pretende estar habitado dĂ­a y noche por la imagen de su amada. Una pulga lo aparta, porque pica. O el simple tedio, y bosteza.

Miente el viajero que pretende embriagarse dĂ­a y noche con sus descubrimientos; porque si la ola es muy honda, vomita.

Miente el santo que te pretende contemplar a Dios día y noche. Dios se retira a veces de él, como el mar. Y estå entonces mås seco que una playa de guijarros.

Mienten los que lloran su muerte día y noche. ¿Por qué lo llorarían día y noche, si no lo amaban día y noche? Conocían las horas de disputa o de cansancio o de distracciones fuera del amor. Y ciertamente, el muerto estå mås presente que el vivo, contemplando fuera de los litigios, transformado en uno. Mas eres infiel, hasta con tus muertos.


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