El Principito
El Principito —LOS hombres —dijo el principito— se meten en los rápidos pero no saben dónde van ni lo que quieren… Entonces se agitan y dan vueltas…
Y añadió:
—¡No vale la pena!…
El pozo que habĂamos encontrado no se parecĂa en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que tenĂamos ante nosotros parecĂa el pozo de un pueblo; pero por allĂ no habĂa ningĂşn pueblo y me parecĂa estar soñando.
—¡Es extraño! —le dije al principito—. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda…
Se rio y tocĂł la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimiĂł como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho.

—¿Oyes? —dijo el principito—. Hemos despertado al pozo y canta.
No querĂa que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije:
—DĂ©jame a mĂ, es demasiado pesado para ti.
Lentamente subĂ el cubo hasta el brocal, donde lo dejĂ© bien seguro. En mis oĂdos sonaba aĂşn el canto de la roldana y veĂa temblar al sol en el agua agitada.
—Tengo sed de esta agua —dijo el principito—, dame de beber…
