Tierra de hombres
Tierra de hombres Hoy, en Juby, Kemal y su hermano Mouyane me han invitado. Estoy bebiendo té en su tienda.
Mouyane me mira en silencio y, con el velo azul cubriéndole los labios, guarda una arisca reserva. Sólo Kemal me habla y me hace los honores.
—Mi tienda, mis camellos, mis mujeres, mis esclavos, son tuyos.
Mouyane, sin quitarme en ningún momento los ojos de encima, se inclina hacia su hermano, pronuncia algunas palabras y después vuelve a guardar silencio.
—¿Qué dice?
—Dice: «Bonnafus ha robado mil camellos a los R’Gueïbat…».
Yo no conozco a ese capitán Bonnafus, oficial meharista de los pelotones de Atar, pero, por los moros, sé de su impresionante leyenda. Hablan de él con cólera, pero como de un dios. Su presencia da valor a la arena. Hoy mismo, nadie se explica cómo, ha surgido en la retaguardia de los rezzous que se dirigÃan al Sur, robándoles los camellos por centenas y obligándoles, para salvar los tesoros que ellos creÃan seguros, a revolverse contra él. Y ahora, después de salvar Atar con esta aparición de arcángel, tras levantar su campamento en una elevada meseta calcárea, permanece allÃ, en pie, como una preciosa prenda, y su resplandor es tan grande que obliga a las tribus a ponerse en camino hacia su espada.
