Vuelo nocturno
Vuelo nocturno Contempló a Robineau. Ese muchacho mediocre, ahora inútil, no tenÃa sentido. Rivière le dijo casi con dureza:
—¿Es preciso que le dé yo mismo trabajo?
Luego Rivière empujó la puerta que daba sobre la sala de los secretarios, y la desaparición de Fabien le sorprendió, evidente, por señales que la señora Fabien no habÃa sabido ver. La ficha del «R. O. 903», el avión de Fabien, figuraba ya en el tablero mural, en la columna del material indisponible. Los secretarios, que preparaban los papeles del correo de Europa, sabiendo que saldrÃa con retraso, trabajaban mal. Desde la pista, pedÃan informaciones para las tripulaciones que, ahora, velaban sin objeto. Las funciones de la vida se habÃan hecho más lentas. «La muerte, hela aquû, pensó Rivière. Su obra se parecÃa a un velero averiado, sin viento, sobre el mar.
Oyó la voz de Robineau:
—Señor director…, se habÃan casado hace seis semanas…
—Váyase a trabajar.