Vuelo nocturno
Vuelo nocturno Dentro de algunas horas, surgirá a la luz toda Argentina, y esos hombres permanecerán allÃ, como sobre la playa, frente a la red de la que se tira lentamente, muy lentamente, y no se sabe lo que contendrá.
Rivière, en su oficina, experimenta esa paralización que sólo permiten los grandes desastres, cuando la fatalidad libera al hombre. Ha hecho poner alerta a la PolicÃa de toda una provincia. No puede hacer nada más, es preciso esperar.
Pero el orden debe reinar incluso en la mansión de los muertos. Rivière, con un gesto, llama a Robineau:
—Telegrama para las escalas Norte: «Prevemos retraso importante del correo de Patagonia. Para no retrasar demasiado correo Europa, juntaremos correo Patagonia con próximo correo Europa».
Se dobla un poco hacia adelante. Pero hace un esfuerzo y se acuerda de algo, que era grave. ¡Ah, sÃ! Y para no olvidarlo:
—Robineau.
—¿Señor Rivière?
—Redacte una nota: Prohibición a los pilotos de sobrepasar las mil novecientas revoluciones: me destrozan los motores.
—Bien, señor Rivière.
Rivière se dobla algo más. Necesita, ante todo, soledad:
—Márchese, Robineau. Márchese, querido…