Vuelo nocturno
Vuelo nocturno Robineau lo sacó de su soledad.
—Señor director, he pensado…, se podrÃa intentar…
No tenÃa nada que proponer. Pero testimoniaba asà su buena voluntad. Hubiera deseado encontrar una solución, y la buscaba como la de un jeroglÃfico. Siempre encontraba soluciones que Rivière jamás escuchaba: «Ya lo ve usted, Robineau, en la vida no existen soluciones. Existen sólo piezas en movimiento: es preciso crearlas, y las soluciones vienen detrás». También Robineau limitaba su acción a crear una fuerza en movimiento en la corporación de los mecánicos. Una humilde fuerza en movimiento, que preservaba de la herrumbre a los cubos de hélice.
Pero los acontecimientos de esta noche encontraban a Robineau desarmado. Su tÃtulo de inspector no poseÃa ningún poder sobre las tormentas, ni sobre una tripulación fantasma, que no se debatÃa en realidad por una prima de exactitud, sino para escapar a una sola sanción, que anulaba las de Robineau: la muerte.
Y Robineau, ahora inútil, vagaba por las oficinas, sin ocupación.
