Fuenteovejuna
Fuenteovejuna a mi compadre en la plaza.
REGIDOR: Vamos.
ESTEBAN: Hijo, y en la traza
del dote, ¿qué le diremos?
Que yo bien te puedo dar
cuatro mil maravedís.
FRONDOSO: Señor, ¿eso me decís?
Mi honor queréis agraviar.
ESTEBAN: Anda, hijo; que eso es
cosa que pasa en un día;
que si no hay dote, a fe mía,
que se echa menos después.
(Vanse, y quedan FRONDOSO y LAURENCIA)
LAURENCIA: Di, Frondoso. ¿Estás contento?
FRONDOSO: ¡Cómo si lo estoy! ¡Es poco,
pues que no me vuelvo loco
de gozo, del bien que siento!
Risa vierte el corazón
por los ojos de alegría
viéndote, Laurencia mía,
en tan dulce posesión.
(Vanse. Salen el MAESTRE, el COMENDADOR, FLORES y ORTUÑO)
(Campo de Ciudad Real)
COMENDADOR: Huye, señor, que no hay otro remedio.
MAESTRE: La flaqueza del muro[73] lo ha causado,