Novelas a Marcia Leonarda

Novelas a Marcia Leonarda

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Halló Diana al Rey Católico en Sevilla; fue a besarle la mano con grande acompañamiento, y no sin Celio, que allá le llevó también con la disculpa de algunas guardas.

Pienso, y no debo de engañarme, que vuestra merced me tendrá por desalentado escritor de novelas, viendo que tanto tiempo he pintado a Diana sin descubrirse a Celio después de tantos trabajos y desdichas; pero suplico a vuestra merced me diga, si Diana se declarara y amor ciego se atreviera a los brazos, ¿cómo llegara este gobernador a Sevilla? Pues no ha faltado también quien me ha dicho que, hablándose los dos a solas, los murmuraron y dieron cuenta al Rey, donde le fue forzoso a Diana declararse y ellos quedar corridos. Lo cierto es que, entre las mercedes que pidió a Su Majestad por los servicios de la India y su pacificación, fue el perdón de Celio, y luego que le hiciese cumplir la palabra que le había dado de casarse con ella, de que el Rey y todos sus caballeros quedaron admirados y Celio, conociendo que el gobernador era su hermosa mujer, que tantas lágrimas y desventuras le había costado.

Grandes fueron las mercedes que el Rey les hizo, y grandes las fiestas que se hicieron a sus casamientos, y no menor el contento de ver su hijo, por quien enviaron luego personas de confianza. Trájole la pastora en hábito de grosero zagal, pero con linda cara y melena hasta los hombros.


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