El Espectro y el salteador de caminos
El Espectro y el salteador de caminos "¡Ah, perro!" —dijo él— "¿No tienes dinero? Vamos, aparta tu capa y dame las dos bolsas, esas que están a cada lado de la silla. ¡Qué! ¿No tienes dinero y sin embargo tus bolsas son demasiado pesadas para ponerlas de un solo lado? ¡Vamos, termina o te cortaré en pedazos en este mismo momento!"
(Aquà se puso fuera de sÃ, y lo amenazó de la peor manera que pudo.)
Bien, el pobre diablo lloraba y le decÃa que debÃa estar equivocado; que lo habÃa tomado por otro hombre, seguro, porque realmente él no tenÃa dinero.
"¡Vamos, vamos!" —dijo Hind— "¡Ven conmigo!" Entonces tomó el caballo por la rienda y lo sacó fuera del sendero, hacia el bosque, que es muy oscuro en aquel lugar, porque el negocio era demasiado largo para quedarse en el camino durante todo el tiempo que durara.
Cuando estuvo en el bosque, "¡Vamos, señor ganadero" —ordenó—, "desmonta y dame las bolsas al instante!". En suma, hizo bajar al pobre hombre, le cortó las riendas y la cincha y abrió la alforja donde encontró las dos bolsas.
"Muy bien" —dijo— "aquà están y tan pesadas como antes". Las arrojó al suelo, las cortó para abrirlas; en una encontró una cuerda y en la otra una pieza de latón maciza con la forma exacta de una horca. Y el ganadero, detrás de él exclamó: "He aquà tu destino, Hind. ¡Ten cuidado!"