Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas

Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No puedo pasar en silencio el discurso del capitán Bellamy al capitán Beer: «Maldita sea —dijo—; siento que no le quieran devolver la balandra, porque detesto causar perjuicio a nadie cuando no saco ningún provecho; tenemos que hundir la dichosa balandra, que podría serle de utilidad. Pero maldita sea, es vuesa merced un perro faldero, como todos los que se dejan gobernar por leyes que han hecho los ricos para su propia seguridad, porque los muy cobardes no tienen valor para defender lo que sacan con sus bellaquerías; malditos sean todos: maldito el puñado de bellacos, y maldita vuesa merced, que les sirve, porque son todos un hatajo de gallinas. Los muy granujas nos vilipendian, cuando sólo se diferencian de nosotros en que roban a los pobres, naturalmente amparados en la ley, mientras que nosotros saqueamos a los ricos amparados en nuestro propio valor. Así que, ¿no prefiere vuesa merced hacerse de los nuestros, a andar tras el culo de esos bribones pidiéndoles empleo?» El capitán Beer le dijo que su conciencia no le permitía infringir las leyes de Dios y de los hombres. «Es vuesa merced un bribón endemoniadamente escrupuloso, maldita sea —replicó Bellamy—; en cambio yo soy un príncipe libre, y tengo tanta autoridad para hacer la guerra al mundo como el que posea un centenar de barcos en la mar y un ejército de cien mil hombres en tierra, y así me lo dice mi conciencia. Pero no quiero razonar con un faldero que permite que sus superiores le den un puntapié cuando les viene en gana y deposita su fe en un cura alcahuete, en un inútil que ni cree ni practica lo que impone a los idiotas que le escuchan»… Como no les faltaban agua ni provisiones, y habían reparado el daño del Whidaw, distraían el tiempo muy alegremente. Uno de la tripulación había sido cómico ambulante y había pasado por multitud de situaciones reales y ficticias en la vida; y tras comprobar que el negocio ambulante no respondía a la grandeza de su alma (como él la calificaba), juzgó más provechoso, y menos arduo, hacerse recaudador; de manera que pidió prestado en Yorkshire un excelente caballo capado (utilizo sus propios términos) con su brida y silla de caza, y con un par de pistoletes que tenía salió en busca de aventuras sin despedirse de nadie; topó, contaba, con varios caballeros andantes a los que, habiendo renunciado al combate, despojó y envió a ofrecerse a los pies de su Dulcinea; pero cayó bajo el influjo de un malvado encantador que, envidioso de sus gloriosos hechos de armas, y temeroso de que eclipsara con el esplendor de su lustre los de algún caballero favorito al que protegía (o sabiendo quizá, gracias a sus artes, que un día su protegido sucumbiría bajo el peso de su irresistible brazo), lo arrojó con su poder extramundano a un calabozo detestable, cargado de cadenas, de donde lo libró el sabio que cuidaba de sus asuntos y estaba destinado a escribir la historia de sus heroicas hazañas, lo puso a bordo de un barco que lo transportó a la famosa isla de Jamaica y, tras diversas vicisitudes, vino a aliarse con estos héroes marinos, azote de los tiranos y la avaricia, y defensores esforzados de la libertad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker