Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas
Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas Como hacÃa tiempo que necesitaban carenar el barco y la balandra, se abrieron a toda vela hacia el norte, y pusieron rumbo al rÃo Penobscott, entre Nueva Escocia y la provincia de Maine, donde pensaban tumbarlos. Esta franja de tierra discurre paralela a la costa unas 190 millas de oeste a este, desde la provincia de Maine a Sainte Croix, y unas 200 millas de norte a sur, contando desde el rÃo Quebec hasta el mar. El rey Carlos II hizo donación de dicha tierra, en 1663, a Su Alteza Real Jacobo, duque de York, quien estableció una colonia en Pemaquid. En ella hay toda clase de maderas, y podrÃa dar excelente cáñamo y lino, y producir toda suerte de pertrechos navales; es rica en cobre, plomo y mineral de hierro, y en sus mares abunda la ballena, el bacalao, el esturión, el arenque, la caballa, el salmón, asà como el caracol de mar comestible, las ostras, etc. Su suelo puede dar toda clase de cereales y frutas europeos, y los bosques proporcionan cobijo a gran cantidad de venado, como alces, ciervos, corzos, etc. Esta región, de colonizarse, serÃa enormemente provechosa para Inglaterra. Pido disculpas al lector por este pequeño excurso, al que me empuja el interés que siento por todo lo que puede contribuir al enriquecimiento y expansión de los dominios de nuestra gloriosa Britannia, mi amado paÃs. Pero volvamos a nuestro relato: cuando llegaron a la desembocadura juzgaron conveniente carenar en el rÃo Mechisses (Machias); se adentraron en él, como habÃan convenido, lo remontaron unas dos millas y media, y fondearon allà con sus presas. A la mañana siguiente bajaron a tierra los prisioneros con sus conductores, con la orden de ayudar a construir cabañas; desembarcaron también los cañones y erigieron un parapeto con troneras, una para cada cañón, a ambos lados del rÃo. En esto tardaron cuatro dÃas; los pobres prisioneros, a los que trataron de la misma manera que tratan los colonos de las Indias Occidentales a los esclavos negros, excavaron un almacén en la tierra y colocaron un techado sobre él. Una vez guardada la pólvora, y desembarcadas todas las cosas, escoraron la balandra, la limpiaron, y después de embarcar otra vez en ella todos sus pertrechos carenaron el Whidaw con ayuda de la presa más grande. Aquà el cómico dijo a los dos comandantes que podÃan sentar los cimientos de un nuevo reino, desde el cual, con el tiempo, podrÃan someter el mundo, y extender sus conquistas más allá de los lÃmites del Imperio Romano. «Es cierto que soy hijo de molinera —dijo—, pero tengo suficiente ambición, avaricia y conocimientos para hacer de secretario de Estado, porque fui estudiante de Oxford, aunque no me gradué, antes de hacerme cómico ambulante; y si creen conveniente fundar un imperio en esta porción de tierra, y tienen a bien vuestras unidas majestades imperiales dar empleo a mis conocimientos, tengan todos seguro que probaré ser un verdadero patriota; es decir, con mi actuación seré un prestigio para vuestra corte, y agobiando a vuestros súbditos (a los que con el plausible pretexto de la libertad tendré en abyecta esclavitud), les arrancaré tales sumas de dinero que jamás saldrán de la pobreza, al tiempo que mantendré repletas vuestras arcas y las mÃas. Roma, dueña del mundo, fue fundada por un par de ladrones de ovejas, y poblada por esclavos fugitivos y deudores insolventes; ¡cuánto más ventajosamente podrÃais los dos acometer la fundación de una nueva monarquÃa, con unos súbditos que no ignoran el arte de la guerra y sin estar rodeados como ellos de vecinos envidiosos, con gran posibilidad de aumentar vuestro poderÃo y perpetuaros, tomando bajo vuestra protección a los indios de estas regiones y a las gentes descontentas y despechadas de las vecinas colonias inglesas y francesas! Fortaleceos, elevad a cada hombre útil a alguna dignidad estatal, y repartid entre vuestros grandes a los prisioneros como otros tantos esclavos indignos de gozar de libertad; construid navÃos, mantenedlos constantemente navegando, y haced que todos los prisioneros reconozcan por las buenas o las malas vuestra soberanÃa. Asà es como se fundaron los más grandes imperios del mundo; la fuerza superior fue siempre reconocida como justo tÃtulo; los antiguos siempre consideraron esclavos legales a los prisioneros, cuyas vidas estaban en su poder por la ley de las armas, y sus personas al servicio del conquistador, aunque con una agradecida retribución para protegerse de ellos. Dejo a la madura deliberación de vuestras grandes sabidurÃas decidir si no es más prudente fundar aquà un imperio, y hacer la guerra por la legal autoridad que deriva de vuestras realezas, que seguir llevando apelativos ignominiosos tales como saqueadores, ladrones, granujas, libertinos y piratas. Pido perdón a vuestras majestades por la libertad de estas palabras, a las que me empujan el celo por vuestro real servicio y el bien público; el mundo nos trata, tanto a vuestras mercedes como a vuestros leales súbditos, con términos no más suaves. Pero cuando os hayáis declarado monarcas legales, y tengáis fuerza suficiente para defender vuestro tÃtulo, todas las universidades del mundo declararán que tenéis derecho jure divino, y los reyes y prÃncipes de la tierra os enviarán sus embajadores para ganarse vuestra alianza.»