Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas

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Frente a San Cristóbal apresaron una balandra inglesa encalmada, con sus botes; le quitaron dos pipas de ron y media docena de bocoyes de azúcar (era una balandra de Nueva Inglaterra con destino a Boston); y sin infligir la menor violencia a los hombres ni expoliarlos, los dejaron seguir. El capitán de la balandra era Thomas Butler, quien confesó no haber topado jamás con un enemigo tan cándido como el buque de guerra francés que le apresó el día que salió de San Cristóbal. No dieron con ningún otro botín en el viaje hasta que llegaron al punto de destino, donde a los tres días vieron una balandra que tuvo la insolencia de darles caza; el capitán Misson preguntó qué podía significar que la balandra les fuese detrás. Uno de los hombres, conocedor de estas latitudes, dijo que era un corsario de Jamaica y que no se sorprendiese si trataba de abordarlos, «No me es desconocida esa manera de operar, y apuesto diez contra uno a que este insignificante colega, como podría considerarle quien no conozca a los corsarios de Jamaica, causará problemas. Ahora está atardeciendo, pero verá, en cuanto él averigüe nuestra fuerza, cómo se mantiene fuera del alcance de nuestros cañones hasta el cambio de guardia de las doce; entonces intentará abordarnos, con la esperanza de cogernos rápidamente. Por tanto, capitán, si me permite aconsejarle, ordene que cada hombre lleve sus armas de mano, y a las doce se toque la campana como de costumbre, y se haga más ruido que de ordinario, como si entrase una guardia y saliese otra con gran confusión y prisa, y le doy mi palabra de que se atreverá a lanzar a sus hombres.» Se aprobó y acordó el consejo del camarada, y la balandra maniobró como éste había dicho que haría, acercándose lo bastante para averiguar claramente la fuerza del Victoire; izó éste los colores franceses, y ella, la balandra, cogió viento; el Victoire le fue detrás, aunque sin esperanza de alcanzarla. La balandra ganaba tan bien barlovento que pudo prescindir de unos puntos de escota y no obstante dejarlo atrás. Al crepúsculo el francés la había perdido de vista; pero a las once de la noche la vieron al acecho por barlovento, lo que confirmó la opinión del marinero de que intentaría abordarlos, como efectivamente hizo a la hora del simulado cambio de guardia: dado que había poco o ningún viento, trincó el costado del Victoire y lanzó a sus hombres, que fueron apresados tranquilamente al saltar por la escotilla de proa, donde fueron recibidos por los franceses, que los redujeron sin mucha refriega y sin matar a uno sólo de los corsarios, aunque quedaron lastimados unos cuantos y un francés herido. Al comprobar el Victoire que tenía presos a la mayoría de los de la balandra, la abordó a su vez, en tanto los corsarios, al verla estratagema, intentaban cortar las trincas y huir. De esta manera fue el inglés por lana, y salió trasquilado. Una vez encerrados todos los prisioneros, el capitán previno a sus hombres, no fuera que por un deseo de aumentar su número revelasen su propósito.


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