Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas
Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas Después carenaron la presa y salieron a la mar, poniendo rumbo sur, y costeando, pero no toparon con nada. Todo este tiempo se observó la más grande corrección y regularidad a bordo del Victoire; aunque el ejemplo de los prisioneros holandeses empezaba a inclinarlos a emborracharse y a blasfemar, por lo que al observarlo el capitán decidió que era mejor cortar de raíz estos vicios; y llamando a franceses y holandeses a cubierta, se dirigió a estos últimos, pidiendo a su capitán, que hablaba bastante bien el francés, que tradujese sus palabras a los que no lo entendían. Les dijo que antes de verse en la desdicha de tenerlos a bordo jamás le habían chirriado los oídos oyendo profanar el nombre del Creador, pero que desde ese momento, y para su pesar, había oído frecuentemente a sus propios hombres cometer ese mismo pecado, que ningún placer ni provecho reportaba, y en cambio podía acarrearles un severo castigo; que si tenían una justa idea del ser supremo, no debían mencionarlo nunca, sino que reflexionasen sobre su pureza y la bajeza de ellos. Que muy fácilmente nos dejamos influir por las compañías; por eso decía un proverbio español: Deja que convivan un ermitaño y un ladrón, y el ladrón se hará ermitaño o el ermitaño ladrón. Que había visto cumplido esto en su barco, porque no podía atribuir los juramentos y blasfemias que oía entre sus valerosos compañeros a otra causa que al odioso ejemplo de los holandeses. Que no era éste el único vicio que habían introducido, porque antes de que ellos estuviesen a bordo, sus hombres eran hombres, y ahora veía por su bestial comportamiento que habían degenerado en brutos, ahogando esa única facultad por la que se distingue el hombre de la bestia, como es la razón. Que él tenía el honor de mandarlos, y por tanto no podía verlos hundirse en estos odiosos vicios sin una sincera inquietud, dado que sentía paternal afecto por ellos, y se reprocharía a sí mismo descuidar el bien común si no los amonestaba, y por el cargo con que ellos le habían honrado estaba obligado a mantener una mirada vigilante sobre el interés general. Era deber suyo decirles que, en su opinión, los holandeses los tentaban a llevar una forma de vida disoluta porque así podían aprovecharse de alguna manera de ellos. Por tanto, como estaba seguro de que sus bravos compañeros se dejarían guiar por la razón, advertía a los holandeses que al primero que se le sorprendiese con juramentos en la boca o licor en la cabeza sería amarrado a los obenques, azotado y salado para ejemplo del resto de su nación. En cuanto a sus amigos, a sus compañeros, a sus hijos, a las valientes, generosas, nobles y heroicas almas que tenía el honor de mandar, les rogaba que se permitiesen un momento de reflexión y considerasen cuán poco placer y cuanto peligro podía derivarse de la imitación de los vicios de sus enemigos, y que entre ellos se aplicaría una ley de supresión de lo que de otra manera los extrañaría de la fuente de la vida, y consiguientemente los dejaría sin su protección.