Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas
Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas Después de la sentencia los prisioneros pidieron que no se les molestase en sus momentos de agonía a fin de aprovecharlos mejor; pero ahora no sólo los insultaban con los más injuriosos improperios los que conseguían acercarse a ellos, sino que los predicadores presbiterianos los atormentaban sin parar, lanzándoles las más negras amenazas, y diciéndoles que no esperasen otra cosa que la ira de Dios y los tormentos eternos con todos sus horrores si morían obstinados (como ellos decían), o sea si no se confesaban culpables; todo esto expresado con la peculiar pasión de esa secta de amargados. Es más, se los veía tan angustiados que incluso ahora, después de la condena, separaron a unos cuantos que parecían más aterrados por sus cantos, y les aseguraron que no morirían si reconocían sinceramente los crímenes por los que habían sido condenados; y tanto trabajaron sobre Haines y Linsey que finalmente los indujeron a confesar prácticamente todo lo que ellos quisieron. El primero, tras concedérsele el indulto, hizo un relato sobrecogedor de todas las piraterías y homicidios cometidos con el barco de Drummond, y procuró aproximarse en lo que pudo al testimonio de Fernando, aunque de cuando en cuando se apartaba en aspectos muy importantes, como siempre les ocurre a los que cuentan cosas que no son verdad. Añadió gran número de detalles sangrientos para dar color a la historia, como que hicieron un juramento cuando iniciaron su carrera de piratas (muy semejante a las ridículas ceremonias celebradas por las brujas), y que, dijo, fue como sigue: se hicieron un corte y mezclaron su sangre, y después de beber una parte cada hombre, juraron todos guardar secreto, etc., con abundantes pormenores de este género. Linsey, con algo más de sensatez, se contentó con decir lo menos posible, lo que era excusable, ya que estuvo en tierra durante el supuesto combate, y casi todo lo que aportó consistió en rumores de los indios, etcétera. Así es como estos desdichados se protegieron del golpe fatal, en detrimento de la verdad y la buena conciencia, para disfrutar de una vida lamentable, quizá durante unos años más.