Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas
Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas El ejemplo que daban, y el cuidado que ponÃan en resolver las diferencias entre sus vecinos, habÃan conseguido apaciguar toda la comarca vecina. Y cuando ya llevaban aquà tres años, al capitán North y algunos compañeros pensaron dirigirse hacia el sur, a comprar más esclavos y ganado: se proveyeron de gran cantidad de pólvora y armas, además de las que podÃan usar, con 50 blancos y 300 nativos, y emprendieron la marcha. Cuando llevaban recorridas unas ochenta millas, llegaron a una nación rica en esclavos y ganado que habitaba las riberas del rÃo más ancho del este de la isla, llamado Mangora [Manangara]. De esta gente adquirió gran cantidad de esclavos y ganado, que cambió por armas y pólvora. Y como cuando el capitán North llegó estaban en guerra con un prÃncipe vecino, le pidieron que los ayudase, a cambio de lo cual, los mangorianos le prometieron cien esclavos y 500 cabezas de ganado, además de todos los prisioneros que capturase. Con esta condición se unió a ellos, y marcharon a una ciudad enemiga muy grande, que naturalmente era muy fuerte, y considerada inexpugnable por los nativos, ya que estaba situada en lo alto de un cerro escabroso al que sólo se podÃa subir por un camino que conducÃa a sus puertas fuertemente guardadas. Los negros del ejército de North se mostraron partidarios de renunciar a atacar esa ciudad, y adentrarse en la región en busca de botÃn; pero North les dijo que no era prudente dejar detrás una guarnición enemiga, que los hostigarÃan constantemente y atacarÃan por retaguardia, y que a la hora de transportar cualquier botÃn que reuniesen los acosarÃan con más facilidad; además, serÃa un refugio para toda la región, acudirÃan allà todos los fugitivos hasta que se reuniese un grupo suficiente para bajar y enfrentarse a ellos a campo abierto, lo que el enemigo podrÃa hacer entonces con razonables esperanzas de éxito, dado que sus hombres estarÃan frescos, mientras ellos estarÃan agotados por las marchas, quizá estorbados por el botÃn, y desmoralizados por la incomodidad de dormir a la intemperie.