Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe El tipo, más indignado todavÃa, atacó al español con la hachuela y juró que harÃa con él lo que habÃa pensado hacerle al salvaje: el español se percató, esquivó el golpe y, con una pala que llevaba en la mano (pues estaban trabajando en el campo, junto a los cultivos de grano) tumbó de un golpe al bruto; otro de los ingleses, que acudÃa corriendo al mismo tiempo para ayudar a su camarada, tumbó al español y entonces llegaron dos españoles más para ayudar a su hombre y les cayó encima el tercer inglés. Ninguno de ellos llevaba armas de fuego, ni otro tipo de arma aparte de las hachuelas y otros aperos, salvo el tercer inglés; este llevaba uno de mis viejos machetes oxidados, con el que atacó a los españoles recién llegados y los hirió a ambos. Esta pelea causó un alboroto en la familia y cuando llegó más ayuda tomaron presos a los tres ingleses. La siguiente pregunta era qué hacer con ellos. Se habÃan amotinado con tanta frecuencia y estaban tan furiosos y tan desesperados, y sin embargo tan ociosos, que no sabÃan qué lÃnea seguir con ellos, pues eran maliciosos en grado extremo y no valoraban el daño que pudieran hacer a ningún hombre; asà que, en resumen, no se podÃa estar seguro en la convivencia con ellos.