Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe La mayor ventaja que puedo decir que las esposas habían obtenido de ellos era que les habían enseñado a hablar inglés bastante bien; y todos los hijos que tenían, que en total eran casi veinte, habían aprendido también a hablar inglés desde sus primeras palabras, aunque al principio lo hablaban de manera muy entrecortada, como sus madres. Ninguno de esos niños tenía más de seis años cuando llegué yo, pues no había pasado mucho más de siete años desde la captura de aquellas mujeres salvajes, aunque todas habían resultado ser muy fértiles, pues más o menos todas tenían hijos: creo que la esposa del ayudante del cocinero estaba encinta del sexto hijo; y todas las madres eran un buen grupo de mujeres bien portadas, tranquilas, trabajadoras, recatadas y decentes, que se ayudaban entre sí, observaban con gran atención y sumisión a sus amos, pues no puedo llamarlos maridos, y no querían más que recibir buena instrucción en la religión cristiana y casarse legalmente: ambas cosas se cumplieron felizmente más adelante gracias a mi intervención, o al menos como consecuencia de mi llegada.