Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Tuve muchas conversaciones con ellos acerca de sus circunstancias cuando estuvieron entre los salvajes: me contaron de buena voluntad que no tenían ningún ejemplo que dar de su aplicación o ingenio en esas tierras: que eran un puñado de gente pobre, miserable y desalentada; que aun si hubieran contado con los medios necesarios, estaban tan abandonados a la desesperanza y tan hundidos bajo el peso de sus desgracias que no pensaban más que en morirse de hambre. Uno de ellos, un hombre grave y muy sensato, me dijo que estaba convencido de que se habían equivocado; que no correspondía a un grupo de hombres sabios rendirse a la desgracia, sino aferrarse siempre a los apoyos que ofreciera la razón, tanto para mantenerse en el presente como para salvarse en el futuro. Me dijo que la pena era la pasión más insensata e insignificante del mundo, pues sólo contemplaba los asuntos del pasado, que por lo general no pueden recuperarse o remediarse, sin poner miras en el porvenir ni tener parte alguna en nada que se pareciese a la salvación; antes prefería aumentar la aflicción que proponer remedio. Y a continuación repitió un proverbio español que, si bien no puedo repetir con las palabras exactas que él dijo, sí recuerdo que lo convertí en un proverbio inglés de mi propia creación que vendría a significar: preocuparse ante las preocupaciones significa doblar la preocupación.