Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Una vez propuesta la unión, los casamos aquel mismo día: y como yo hice de padre en el altar, por así decirlo, y la entregué, le di también una porción a ella, pues adjudiqué para ella y su marido una parcela de tierra grande y hermosa para su plantación: sin duda esa unión, junto a la propuesta que el joven caballero me había hecho para que le concediera una pequeña propiedad en la isla, me obligó a parcelarla para todos, de modo que más adelante no se fueran a pelear por la situación.
Dejé el reparto de tierras en manos de Will Atkins, quien por cierto se había convertido en el tipo más serio, grave y responsable, reformado por completo, pío y religioso en extremo y, en la medida en que se me pueda permitir que hable en tono positivo de un caso semejante, de verdad creo que era un penitente sincero y auténtico.