Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Mas ya era demasiado tarde: bien está lo que nos manda el cielo. Si me hubiera ido con él, no habrÃa tenido tantas cosas que agradecer y ustedes no habrÃan oÃdo hablar jamás de la segunda parte de los viajes y aventuras de Robinson Crusoe; asà que he de abandonar aquà las infructuosas quejas a mà mismo y seguir con mi viaje.
Desde Brasil fuimos directamente por el mar Atlántico hasta el Cabo de Bonne Esperance, o de Buena Esperanza, como lo llamamos nosotros, y tuvimos un trayecto tolerable, con rumbo general sureste; sufrimos alguna tormenta ocasional y vientos en contra. Pero mis desastres en el mar habÃan llegado a su fin: en el futuro, mis desventuras habrÃan de suceder en tierra firme, pues al parecer la tierra estaba tan preparada como el mar para convertirse en nuestro azote siempre que el cielo, que dirige las circunstancias de todas las cosas, lo considerase oportuno.
El nuestro era un viaje comercial y llevábamos a bordo un sobrecargo que debÃa dirigir todos los movimientos del barco al llegar al Cabo; sólo tenÃamos limitada la estancia a un cierto número de dÃas en cada uno de los puertos, por quienes habÃan encargado el viaje. No era asunto mÃo y no intervine para nada; mi sobrino, el capitán, y el sobrecargo se encargaron de todas esas cosas como mejor les pareció.