Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe No conseguí que volviera nadie conmigo, salvo el sobrecargo y dos hombres, y con ellos caminé hasta donde estaban los botes. Confieso que fue una gran locura por mi parte regresar prácticamente solo; pues ahora empezaba a rayar el día y había corrido la alerta por todo el país y había unos cuarenta hombres armados con lanzas y arcos en el lugarcito donde se levantaban las doce o trece casas que he mencionado antes; por casualidad me equivoqué y en vez de pasar por allí salí directamente a la orilla y cuando llegué al mar era pleno día. Tomé de inmediato el bote auxiliar, me fui al barco y lo mandé de vuelta para ayudar a los hombres en cuanto pudiera suceder.
Al llegar al bote observé que el fuego ya estaba casi apagado y había disminuido el ruido; mas una media hora después de subir a bordo oí una andanada de las armas de nuestros hombres y vi un gran penacho de humo; según supe después, era el momento en que nuestros hombres se encontraron con aquellos cuarenta que, como ya he dicho, esperaban en el grupo de casas del camino; mataron a dieciséis o diecisiete y prendieron fuego a todas las casas, pero no se metieron con las mujeres ni con los niños.