Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Los nativos, que jamás habían visto nada parecido, bajaron asombrados hasta la orilla para mirarlo; al ver que el barco estaba tumbado sobre un costado de aquel modo, con la cubierta vuelta hacia tierra, y no ver a ninguno de los nuestros, que estaban trabajando por el lado del casco con plataformas, o desde los botes, concluyeron enseguida que el barco había naufragado y estaba embarrancado en el fondo.
Con esa suposición se nos echaron encima al cabo de dos o tres horas con diez o doce botes grandes, en alguno de los cuales iban hasta ocho o diez hombres, con la indudable intención de subir a bordo y saquear el barco y, si nos encontraban allí, llevársenos como esclavos para su rey, o como quiera llamarse, pues ni siquiera sabíamos quién los gobernaba.
Cuando llegaron al barco y empezaron a rodearlo a remo, descubrieron que estábamos trabajando duramente en el exterior del fondo del casco y del costado, limpiando, calafateando y tapando, como sabe hacer todo marino.
