Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Es deseable que quien lea estos memorandos tenga en consideración que las visitas en el mar no son como una jornada en el campo, donde la gente se queda a veces en el mismo lugar durante una semana, o hasta una quincena. Nuestra misión consistía en ayudar a la desgraciada tripulación de aquel barco, no en quedarnos con ellos; y aunque ellos estaban dispuestos a seguir nuestro rumbo durante unos días, nosotros no teníamos ninguna vela que nos permitiera adaptarnos a la velocidad de un barco sin mástiles. De todos modos, como su capitán nos suplicó que le ayudáramos a instalar una vela secundaria del palo mayor y algo parecido a una segunda vela en el mástil de fortuna, nos quedamos con ellos, efectivamente, tres o cuatro días. Entonces, después de darles cinco toneles de buey y cerdo, dos hogazas de bizcocho y una buena cantidad de guisantes y harina, más todo aquello de lo que pudimos prescindir, aceptamos a cambio tres barriles de azúcar, algo de ron y unas monedas de a ocho y los dejamos, llevándonos a bordo, a petición de ellos, al chico y la criada y todas sus pertenencias.