Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Ya no entorpeceré la historia con un relato en primera persona, que me obligaría a usar diez mil «dije» y «dijo», y «entonces me contó y yo le dije» y glosas por el estilo. Al contrario, recojo los hechos históricamente, con la mayor exactitud con que pueda sacarlos de la memoria según me los contaron, en función de mis conversaciones con ellos y de mi visita a los lugares.
Para poderlo hacer de manera sucinta y tan inteligible como pueda, debo regresar a las circunstancias en que abandoné la isla y a las personas que había en ella, de quienes voy a hablar. Al principio es necesario repetir que había enviado al padre de Viernes y al español, tras rescatar sus vidas de manos de los salvajes; digo que los había enviado en la canoa grande a la península, pues entonces me parecía que lo era, para que buscaran a los compañeros que aquel había dejado atrás, con la intención de salvarlos de la calamidad que él mismo había sufrido y de socorrerlos en el presente y, si era posible, encontrar la manera de salvarnos juntos más adelante.