Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Su primera tarea fue conseguir canoas; a tal efecto, se vieron obligados a no aferrarse demasiado a la honestidad y saquear a sus amistosos salvajes, a quienes pidieron prestadas dos canoas grandes, o piraguas, bajo la pretensión de salir a pescar, o a dar una vuelta por puro placer.
Con ellas salieron a la mañana siguiente: al parecer no habían necesitado nada de tiempo para prepararse, pues no tenían equipaje, ni ropa ni provisiones ni nada en este mundo más que cuanto llevaban puesto y unas pocas raíces para comer, con las que solían hacer pan.
En total, estuvieron ausentes tres semanas y durante ese tiempo, por desgracia para ellos, se me presentó la ocasión de escapar, como ya expliqué en mi primera parte, y abandonar la isla, dejando tras de mí a tres de los villanos más insolentes, endurecidos, ingobernables y desagradables que ningún hombre desearía encontrarse, para mayor decepción y dolor del pobre español, con toda seguridad.