Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Y sin embargo todo eso no tenía efecto en mí, o al menos no el suficiente como para resistir la fuerte inclinación por viajar de nuevo, que pendía sobre mí como un moquillo crónico; en particular, el deseo de ver mi nueva plantación en la isla, así como la colonia que allí había dejado, invadía de continuo mi mente. Soñaba con ello noches enteras y lo repasaba todo el día con mi imaginación; ocupaba el primer lugar en mis pensamientos y mi cerebro se centraba con tal fuerza y regularidad en ello que hasta hablaba de eso en mis sueños; en resumen, nada podía quitármelo de la mente; incluso irrumpía con tal violencia en todos mis discursos que volvía cansina mi conversación, pues no hablaba de otra cosa y toda mi charla se centraba en eso hasta el extremo de la impertinencia, según yo mismo podía apreciar.
