Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Resulta que el día anterior, dos españoles habían estado en el bosque y habían visto a uno de los dos ingleses a quienes, para mayor claridad, llamo «hombres honestos»; este había planteado una triste queja a los españoles por el trato bárbaro que recibían de sus tres compatriotas y por cómo estos habían arruinado su plantación y destruido aquellos cultivos que tanto trabajo les había costado plantar, y les habían matado a la cabra que les daba leche y a sus tres criaturas, lo único que tenían para alimentarse; le había dicho que si él y sus amigos, en referencia a los españoles, no les volvían a ayudar, se iban a morir de hambre. Cuando los españoles llegaron a casa esa noche, y se juntaron todos para cenar, se tomó la libertad de reprochar a los tres ingleses, aunque con modos amables y educados, y les preguntó cómo podían ser tan crueles con unos tipos tan inofensivos e inocuos que se esforzaban por sobrevivir con el fruto de su trabajo y con las penurias que habían sufrido para manejar sus cosas con tal perfección.