Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe «Caramba, señor —dijo el español—, según esa regla nosotros también deberÃamos ser sus sirvientes». «Asà es —contestó el perro bruto—, y asà se hará, antes de que terminemos con vosotros». El hombre intercaló dos o tres maldiciones y blasfemias en las pausas de su fraseo. El español se limitó a sonreÃr y no contestó. Sin embargo ellos se habÃan calentado con aquel discursillo: uno se levantó y dijo al otro, creo que al llamado Will Atkins: «Ven, Jack, vayamos a enfrentarnos de nuevo con ellos; te aseguro que les vamos a demoler el castillo. No plantarán ninguna colonia en nuestros dominios».
Acto seguido salieron como una tropa, cada uno con una escopeta, una pistola y una espada y murmurando algunas insolencias entre ellos sobre lo que harÃan también a los españoles cuando se presentara la oportunidad. Mas los españoles, al parecer, no los entendÃan tan bien como para enterarse de los detalles: sólo que, en general, los estaban amenazando por haber tomado partido por los otros dos ingleses.