Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Aquél fue el único viaje que puedo llamar excelente entre todas mis andanzas, y lo debo a la honesta integridad de mi amigo el capitán junto al cual adquirà además un discreto conocimiento de las matemáticas y las reglas de navegación, aprendà a llevar un diario de ruta, calcular la longitud y latitud para determinar la posición del buque y, en resumen, comprender aquellas cosas que deben ser conocidas por un marino. Es verdad que asà como él tenÃa placer en enseñarme yo lo tenÃa en aprender; y en realidad aquel viaje hizo de mà a la vez un comerciante y un marino. Traje de regreso cinco libras y nueve onzas de oro en polvo a cambio de mi pacotilla, y ello me reportó en Londres no menos de trescientas libras, terminando de llenarme de ambiciosos proyectos que desde entonces me han traÃdo a la ruina.
Y con todo, aun en aquel viaje tuve inconvenientes, por ejemplo, una continua enfermedad, producto de la elevada temperatura del clima que me producÃa calenturas; comerciábamos en la costa, desde los 15° hasta el mismo ecuador.