Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Así estaba dispuesto. Su destino o el mío, acaso ambos, lo prohibían; hasta el último año de mi permanencia en la isla ignoré si alguno se había salvado de la catástrofe. Tuve con todo el dolor de encontrar en la playa, algunos días más tarde, el cadáver de un grumete ahogado. Yacía en la parte próxima al sitio del naufragio y por ropas tenía una chaqueta de marino, un par de calzones abiertos y una camisa de tela azul; no llevaba nada que me permitiera conocer su nacionalidad. Encontré en sus bolsillos dos piezas de a ocho y una pipa, que para mí valía diez veces más que el dinero.

El cadáver de un grumete ahogado.