Robinson Crusoe
Robinson Crusoe El capitán fingió entonces poner algunas dificultades al proyecto, como si no quisiera dejar a los hombres en la isla.
A mi vez fingí molestarme con él y le dije que se trataba de prisioneros míos y no suyos; ya que les había ofrecido esa posibilidad, quería hacer honor a mi palabra. Agregué que si no le parecía bien el arreglo, pondría a aquellos hombres en libertad tal como los había encontrado, y si él insistía en no aceptar el convenio, que se apoderara de ellos si podía encontrarlos en la isla.
Todavía más agradecidos se mostraron aquellos hombres al oírme hablar así, y de inmediato mandé ponerlos en libertad ordenándoles que se retiraran por los bosques hasta el sitio de donde los habían traído; les dije que dejaría en sus manos algunas armas y municiones, dándoles también consejos necesarios para que pudieran vivir bien en la isla si seguían decididos a quedarse.
Terminada la reunión me dispuse a embarcarme en el navío, pero pedí al capitán que me dejara esa noche para preparar mis cosas, rogándole que entretanto fuese a bordo y cuidara del orden, enviándome la chalupa al día siguiente; le recomendé también que apenas llegado al barco hiciera colgar del mástil el cuerpo del capitán rebelde para que los de la isla pudieran verlo.