Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Les dejé mis armas de fuego, es decir, cinco mosquetes, tres escopetas y además tres espadas. Quedaba todavía un barril y medio de pólvora, ya que después de los primeros años empleé muy poca evitando desperdiciarla. Les di completas instrucciones sobre el modo de domesticar las cabras, ordeñarlas y cebarlas, así como la manera de hacer manteca y queso.
En una palabra, los interioricé de cada detalle de mi propia vida, agregando que intercedería ante el capitán para que les dejara otros dos barriles de pólvora, así como semillas de hortalizas, que tan útiles me hubieran sido. Les regalé el saco de guisantes que el capitán me había traído para comer, enseñándoles la forma de sembrarlos para tener mayor cantidad.
Cumplido todo esto, me despedí de ellos a la siguiente mañana y embarqué de inmediato. Nos preparábamos para hacernos a la vela, pero no levamos anclas esa noche. A la mañana siguiente, dos de los cinco hombres llegaron nadando hasta el navío, y profiriendo toda clase de quejas contra los otros tres nos suplicaron en nombre de Dios que los recibiéramos a bordo, pues de lo contrario serían asesinados, y terminaron rogando al capitán que los admitiera aunque sólo fuese para ahorcarlos inmediatamente.