Robinson Crusoe
Robinson Crusoe Mi excelente amiga la viuda me disuadió con todas sus fuerzas de la empresa, y tanto calor puso en sus argumentos que logró impedir durante siete años que me embarcara, tiempo en el cual tomé a mi cargo a mis dos sobrinos, hijos de mi difunto hermano. Al mayor, que poseía algunos bienes, lo eduqué como a un caballero y agregué una buena cantidad a sus rentas para que recibiera esa fortuna después de mi muerte. Al segundo lo puse al cuidado de un capitán de navío, y cuando cinco años más tarde vi que era un sensato, valiente y emprendedor muchacho, le confié un barco y lo envié al mar. Este mismo muchacho fue el que más tarde me envolvió, viejo como yo estaba, en nuevas aventuras.
Entretanto me radiqué allí, principiando por contraer matrimonio muy ventajosamente; de esa unión nacieron tres hijos, dos varones y una niña, pero mi esposa falleció más tarde, y cuando mi sobrino llegó a casa después de un afortunado viaje a España, mi inclinación aventurera sumada a sus requerimientos pudieron más que la prudencia y me llevaron a emprender viaje a bordo de su barco, en carácter de comerciante particular con destino a las Indias Orientales. Esto sucedía en el año 1694.