Discurso del método
Discurso del método AsÃ, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenÃan mis preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mà mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos[xii], en cultivar la sociedad de gentes de condiciones y humores diversos, en recoger varias experiencias, en ponerme a mà mismo a prueba en los casos que la fortuna me deparaba y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar algún provecho de ellas.
Pues parecÃame que podÃa hallar mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le atañen, expuesto a que el suceso venga luego a castigarle, si ha juzgado mal, que en los que discurre un hombre de letras, encerrado en su despacho, acerca de especulaciones que no producen efecto alguno y que no tienen para él otras consecuencias, sino que acaso sean tanto mayor motivo para envanecerle cuanto más se aparten del sentido común, puesto que habrá tenido que gastar más ingenio y artificio en procurar hacerlas verosÃmiles. Y siempre sentÃa un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.