Discurso del método
Discurso del método Después de lo cual, hube de reflexionar que, puesto que yo dudaba, no era mi ser enteramente perfecto, pues veÃa claramente que hay más perfección en conocer que en dudar; y se me ocurrió entonces indagar por dónde habÃa yo aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocà evidentemente que debÃa de ser por alguna naturaleza que fuese efectivamente más perfecta. En lo que se refiere a los pensamientos, que en mà estaban, de varias cosas exteriores a mÃ, como son el cielo, la tierra, la luz, el calor y otros muchos, no me preocupaba mucho el saber de dónde procedÃan, porque, no viendo en esas cosas nada que me pareciese hacerlas superiores a mÃ, podÃa creer que, si eran verdaderas, eran unas dependencias de mi naturaleza, en cuanto que ésta posee alguna perfección, y si no lo eran, procedÃan de la nada, es decir, estaban en mÃ, porque hay en mà algún defecto.